El Concepto de “Intimidad” en el Contexto Europeo #Intimidad #Privacidad #ProteccionDeDatosPersonales

La tutela de la intimidad en el ámbito europeo, en especial en el ordenamiento español in extenso posee un planteamiento diferente del norteamericano ya que apuesta un poco más a la dimensión positiva que lleva a la tutela por parte del Estado respecto del administrado. Así las cosas, y derivando posteriormente en el derecho a la autodeterminación informativa recogida en la Constitución Española, artículo 18.4, es el Estado quién garantizará el respeto y la tutela por la decisión del titular de sus datos  de publicarlos o no. De todas maneras, la dimensión negativa se encuentra presente latu sensu en el seno del derecho a la intimidad que será protegida de no sufrir una intromisión y vulneración de la misma, de acuerdo a lo que surge del artículo 18.1 CE. En otras palabras, como en la antigüedad, se protege a la intimidad como si de una propiedad personal se tratara tal como lo IHERING lo retrataba en su teoría de las cosas-fin, como una necesidad humana.

Esta concepción se ha homogeneizado en todo el entorno europeo, especialmente en los países del bloque de la unión lo que ha determinado que existan marcos legales muy coincidentes, lo que para algunos autores es un sinónimo de un nuevo Derecho Común Europeo. A su vez, existen normas  internacionales que avalan esta tendencia europea, como el Convenio de Roma de 1950 (CEDH) y el Convenio Nº 108 del Consejo de Europa. Los mismos consagran la tutela de la vida privada así como la inserción profunda en la protección de la privacidad de las personas frente al avance de las nuevas tecnologías. Ello acompaña no solo las exigencias de las personas, otrora neófitas en el ámbito de la privacidad en el tratamiento de los datos personales sino que además,  las coincidencias se deben a la propia naturaleza humanista de los legisladores, de los estatistas y hasta de los constitucionalistas que evidentemente culminan con una obra jurídica que no irá más allá de la voluntad del hombre. Este “vivir” del humanismo es el que determina que la persona es quién define el propio valor de la justicia y del alcance del Derecho, un elemento muy importante a la hora de decidir ampliar los efectos jurídicos hacia los instrumentos automatizados con el objeto de asegurar la no violación por parte de éstos, de la autodeterminación informativa de un titular. Siguiendo en esta línea que centra al ser humano en el eje de toda la cuestión de la aplicación de todas las medidas jurídicas necesarias para garantizar el pleno ejercicio de los derechos fundamentales, especialmente los de la tercera generación, la corriente del humanismo sigue siendo la adecuada para justificar la voluntad de las personas, de modificar y ampliar el rumbo del derecho aplicable. No es de recibo para el animal rationale sobrecargar al ordenamiento jurídico con la responsabilidad de no aceptar la analogía del titular de derechos y obligaciones, porque esa es tarea de la persona, quién es la única que puede determinar y salvar a la sociedad de la violación de la protección de los datos personales por un titular que hoy por hoy no tiene cabida en el sistema y por ello no puede ser objeto de aplicación y delimitación de la LOPD. Un papel importante cumplen en esta región las distintas agencias de Protección de los Datos Personales o autoridades de control como es el caso de España y la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) que en la actualidad cuenta hasta con una sede electrónica para recibir las consultas y denuncias sobre violación de datos personales de manera más efectiva. Esta agencia tiene como cometido “velar por el cumplimiento de la legislación sobre protección de datos y controlar su aplicación, en especial en lo relativo a los derechos de información, acceso, rectificación, oposición y cancelación de datos“.

No podemos dejar de reconocer que existen vínculos muy estrechos entre las legislaciones norteamericana y la del bloque europeo, incluyendo las peculiaridades de la LOPD en España. Además de las relaciones, ambos bloques se complementan, si aplicáramos lo mejor de cada uno de ellos para elaborar una actualización normativa que nos sirva de catapulta para proteger debidamente nuestros derechos fundamentales. Un ejemplo claro de ello, es que en ambas legislaciones, tanto en EEUU como en Europa, existen marcadas diferencias entre la privacidad y la autodeterminación informativa, devenidas en dos derechos fundamentales, debido a la incapacidad de la primera, de albergar las aspiraciones de la segunda. De lo enseñado por Warren y Brandeis (fruto de la necesidad del right to be alone), podemos tener la certeza de que fuera recogido su fundamento por Alemania, y luego plasmado en la Constitución Española. Es quizá ésta, la relación más intensa y prueba de que ambas legislaciones se miraban a los ojos. Sin embargo, son las diferencias las que nos permiten determinar que una norma modernizada será fruto del complemento de ambas naciones. A saber, la divergencia más marcada es que la norma europea, en especial la española refiere directamente al derecho fundamental y al deseo de protegerlo, mientras que la legislación norteamericana protege al ser humano como tal, adaptando así las normas a sus necesidades.