El Origen de la Privacidad: the “Right to be Alone”

El origen de la tutela de la intimidad asociada a la vida privada, proviene de EEUU, especialmente con la tesis de Samuel Warren y Louis Brandeis (WARREN & BRANDEIS, 1890) buscando soluciones a problemas muy concretos relacionados con la toma de fotografías por parte de periodistas hacia su persona y la de su esposa. Como consecuencia de ello, los periodistas obviaban el consentimiento del titular de la imagen, pero además el propio Warren no tenía conocimiento sobre el verdadero tratamiento de las mismas sumándole el hecho de que previamente era observado para ser fotografiado. Como bien lo expresa Ana GARRIGA, lo que se relaciona con la intimidad es la noción de aislamiento físico.

Siguiendo con la evolución de la intimidad, se llega al concepto de privacidad no visto solo como una facultad para ejercer un control más allá de ocultar el dato personal o volverlo secreto, sino como la posibilidad de que ese control sea ejercido frente al responsable del tratamiento de la información existente sobre uno mismo, tanto desde un punto de vista negativo como positivo. Como podemos apreciar, el derecho norteamericano de la mano de Warren y Brandeis (WARREN & BRANDEIS, 1890) ha evolucionado hasta presentar un concepto unificado de protección del derecho a la intimidad junto con la autodeterminación informativa al otorgarle el ordenamiento, la facultad al ciudadano de determinar qué información ventilará y cuál no. Que sea un concepto único, no significa ello que se ha caído en la desgracia de olvidarnos del derecho a decidir qué hacer con nuestras imágenes, con nuestros vídeos, con nuestra información personal, porque lo que estos pioneros han marcado, justamente es el comienzo de la separación entre el derecho a defender la privacidad de ataques exteriores, de la propia autodeterminación respecto a si comunico o no parte de mi vida para que se haga pública, y en definitiva me convierta en un esclavo de las opiniones de las demás personas, siendo incluso víctima de ataques por parte de terceros y del mismísimo gobierno.

Luego de lo ocurrido con el caso Brandeis y Warren, la legislación norteamericana ha tomado cartas en el asunto. Así, en 1966 se aprobaría la Freedom of Information Act (FOIA) entrando en vigor el 05 de julio de 1967, la cual reconoce el derecho de cualquier persona a acceder a la información almacenada en las oficinas federales de gobierno, salvo que las mismas estuviesen protegidas o reservadas por leyes federales o por mandato justificado, ambos pertenecientes a una lista taxativa. Cualquier persona, dentro de los EEUU puede solicitar información al gobierno, determinando qué agencia deberá entregársela y ésta tendrá la obligación de hacerlo en un plazo prudencial. De acuerdo a lo que dice el portal de FOIA, es la ley que permite al ciudadano estar “a sabiendas“ de lo que sucede en el Estado. Claro que existe un listado de las agencias a las que se aplica el derecho de acceso a la información pública, así como también aquellas oficinas o poderes que quedan exceptuados de otorgar cualquier tipo de datos. De todas formas, ello es muy positivo en el ámbito de contralor de la información por parte de cualquier persona que en su derecho de acceso, puede solicitar se le comunique qué información maneja el Estado sobre sí misma, para determinar hasta dónde tiene comprometida su privacidad, su intimidad, y si acaso alguna agencia federal ha violado su derecho a la autodeterminación informativa.