El Origen de la Intimidad en EEUU. El Comienzo del Derecho a Proteger Nuestros Datos

El origen de la tutela de la intimidad asociada a la vida privada, proviene de ese país, especialmente con la tesis de Samuel Warren y Louis Brandeis (WARREN & BRANDEIS, 1890) buscando soluciones a problemas muy concretos relacionados con la toma de fotografías por parte de periodistas hacia su persona y la de su esposa. Como consecuencia de ello, los periodistas obviaban el consentimiento del titular de la imagen, pero además el propio Warren no tenía conocimiento sobre el verdadero tratamiento de las mismas sumándole el hecho de que previamente era observado para ser fotografiado. Como bien lo expresa Ana GARRIGA, lo que se relaciona con la intimidad es la noción de aislamiento físico y sentará las bases para el desarrollo del concepto de intimidad a nivel internacional, como lo es la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948, en especial en su artículo 12.

Realizando una comparativa de aquellos años con la Sociedad de la Información actual, lo que percibimos es una increíble similitud, especialmente cuando las personas interactúan con instrumentos automatizados, y no perciben el alcance de la discrecionalidad con que éstos pueden recopilar datos, hábitos y estadísticas de los primeros. ¿Qué sucede luego? Ex post facto ¿A dónde van a parar los datos y con qué propósitos? El hecho de ser propietario de un robot o interactuar con un instrumento automatizado no significa que la persona esté otorgando su consentimiento para el tratamiento indiscriminado de sus datos personales. De hecho, el predominio en Estados Unidos en los orígenes del derecho a la intimidad se relaciona mucho más con la convicción del Juez COOLEY de que el derecho defendido es el de “No ser molestado” especialmente en los “sagrados recintos de la vida privada y hogareña”.

Si esos medios electrónicos actúan con total discreción, sin interferir en la aparente paz de la vida cotidiana de una persona pero recopilando información e “invadiendo“ su privacidad y su intimidad sin el previo consentimiento de su titular, o peor aún, sin que el mismo se de por enterado de que una aplicación o un instrumento automatizado dedica su tiempo a la recogida de datos personales y a la elaboración de un fichero el cual puede ser objeto de comunicaciones con otros similares o con terceros, evidentemente nos encontramos ante un profeso caso de violación de la Constitución, más que nada de un ataque a nuestra intimidad representada a través de nuestros derechos fundamentales por encima de todas las cosas, como los recogidos expresamente en el artículo 18 (18.1 y 18.4) y que tiene su reflejo en el cumplimiento de la Cuarta Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos de América que permitía en una flagrante violación a los derechos fundamentales del hombre, a ser allanados sin ninguna garantía y sin un fundamento claro, las moradas de los habitantes por mandatos de los Reyes de Inglaterra, Jorge II y Jorge III