Regulación de los Drones. Es Necesaria.

Esta nota será parte integrante del Número 2 de la versión impresa de la Revista

Varias noticias han llamado poderosamente la atención en los últimos meses, en relación con el uso de Drones (UAV) tanto para uso doméstico como militar o administrativo estatal. De hecho, yo mismo he comprado un AR.Drone con el objeto de analizar el alcance de su posible intromisión en la privacidad de las personas y sí: es realmente muy peligroso si no se regula adecuadamente.

En junio salía a la luz una regulación en España que pretende delimitar el uso adecuado de los drones para determinados fines y con la debida protección del espacio aéreo en materia de seguridad.

En julio, EEUU tomó la iniciativa de prohibir el uso de drones o vehículos no tripulados por personas en todos sus parques nacionales incluyendo Yelowstone y Yosemite para preservar accidentes en sus reservas naturales, que sean irreversibles.

También en estos meses ha salido a la luz que el órgano recaudador de impuestos de Argentina AFIP ha utilizado drones para fiscalizar aquellas propiedades y verificar si se habían declarado piscinas y otros agregados a las moradas, alegando así que muchas habían evadido impuestos declarados.

Con estas noticias, queda muy claro que debe existir regulación que proteja a las personas del uso indiscriminado de los drones en perjuicio de la privacidad y la intimidad. Lo que más preocupa es el caso argentino, ya que con la excusa de fiscalizar, se produce una verdadera intromisión de privacidad. Recordemos que estos aparatos son silenciosos, de distintos tamaños (los hay pequeños) con cámaras HD y transmite en directo al smartphone o tablet todo lo que ven. Toman fotos y pueden introducirse en espacios dónde el hombre no puede.

Tomemos un hipotético ejemplo: un drone fiscalizador se aparece en el jardín de mi casa dónde mi pequeña hija está jugando y corriendo de un lado a otro. Yo suponía que mi morada era mi propiedad privada y constitucionalmente es inquebrantable. Y si a eso le agregamos que el drone la sigue, la graba y le toma fotos (quizá con otros motivos no muy claros o ajenos al objetivo de la AFIP)…mmmm…no puede ser bueno. Cuidado.

O si una pareja se encuentra en la intimidad de su casa en actividades íntimas y de repente al mirar por la ventana divisan un aparato en el aire que, estático graba todo lo que hacen. Qué casualidad que luego ese video es robado y aparece publicado en Internet y distribuido a mansalva por Whatsapp.

Adiós privacidad, adiós intimidad, adiós protección de datos, adiós derechos fundamentales, bienvenida impunidad e violación de las libertades.

Debemos optar por la elaboración de normas que regulen correctamente el uso de los drones (no prohibirlos porque son un buen invento) y que proteja las libertades y castigue a quienes las violen.