Las Tres Leyes de la Robótica y el Artículo 18.4 de la Constitución Española

Primera Ley: Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
Segunda Ley: Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
Tercera Ley: Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Estas tres leyes de la robótica, elaboradas por Isaac Asimov y que vieran la luz por primera vez en un el relato Runaround (1942), servirían como preámbulo de lo que la sociedad espera de una relación fructífera entre las personas y los instrumentos automatizados, las aplicaciones inteligentes y los robots, y serían precargadas en la memoria de los mismos (especialmente los robots) a los efectos de que fueran acatadas sin opción a su desobediencia. Existe además Zero Law, la cual hace referencia al derecho colectivo y a la humanidad en sí como objeto de protección.

Lo cierto es que al realizar un paralelismo de la primera ley con el artículo 18.4 de la Constitución Española, podemos apreciar que el objeto de ambas es el mismo: evitar el daño causado por un tercero, solo que en este caso no es un ser humano. La referencia es correcta, y más aún al considerar la violación a los datos personales por lo que es: un daño producido con nefastas consecuencias. Entonces de facto, en ningún momento se puede expresar que ambas normas son incompatibles o contrarias sino que el espíritu de la salvaguarda del ser humano y de la preservación se encuentran recogidas tanto en la carta magna como en la primera ley. Respecto a la elaboración de principios que permitan la adopción de un código de conducta o una modificación a las leyes existentes para salvaguardar las relaciones sanas entre las personas y los instrumentos automatizados dentro de la sociedad de la información, necesariamente la primera ley de la robótica estará presente como pilar o principio ya que garantiza así el cumplimiento de la autodeterminación informativa in totum y por ende el pleno goce de los derechos fundamentales.

Teniendo en cuenta el perfil humanista de la norma, la misma pone a la persona como centro de atención ya que el objetivo es su integridad y la vida frente al accionar ajeno, que curiosamente se expresa en dos aspectos: positivo y negativo al referirse a la prohibición de hacer, pero además a la prohibición de no hacer. Al pre cargar en los instrumentos automatizados los principios que rigen la autodeterminación informativa in totum y el respeto por las normas sobre protección de datos incluida la ejecución de la primera ley de la robótica, se garantizará así el cumplimiento del artículo 18.4, así como la efectividad de la libertad fundamental de las personas.

La segunda ley de la robótica corresponde con las limitaciones y delimitaciones de los instrumentos automatizados establecidas en el código de conducta a los efectos de evitar que sus acciones y decisiones queden libradas al azar. Si bien éstos están dotados de inteligencia artificial e informática decisional avanzada, ello no evita que sus decisiones y posteriores actuaciones afecten y vulneren las libertades fundamentales de las personas. En ese contexto, la segunda ley es clara y así lo será la norma de conducta que se base en los principios que regulen el comportamiento entre todas las partes, al garantizar un mínimo de control por parte de las personas evitando así el exceso en las actuaciones de los instrumentos automatizados. Sin embargo, lo justo en su medida justa, las decisiones de las personas pueden muchas veces ser malintencionadas o negligentes lo que producirá sin dudas un daño mayor tanto a los propios instrumentos automatizados como a las personas. Para ello, la excepción a la segunda regla es justamente, el ejercicio pleno de las leyes y del sistema jurídico, que refiere a la primera ley como corolario para que no pueda ser vulnerada.

Por último y muy importante, la balanza se nivela con la tercera ley cuando se garantiza la integridad de los que no son personas. Es lógico que así sea, porque en una sociedad dónde conviven seres humanos con instrumentos automatizados y dónde todos cuentan con poder de decisión, todas las partes estarán garantizadas en el cumplimiento de sus obligaciones así como también en la defensa de sus derechos. Si tanto los instrumentos automatizados como las personas producen efectos jurídicos en los otros y si el ordenamiento jurídico garantiza el respeto de las libertades de los segundos, lo natural entonces es que se garanticen también las libertades de los primeros, siempre y cuando no interfiera con los derechos ajenos, tal como lo expresa la tercera ley, que no debe entrar en conflicto con sus dos predecesoras.

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