Los drones y nuestra privacidad

Los unmanned aerial vehicles (UAV) también denominados drones o aviones robots existen hace ya un buen tiempo, solo que ahora su uso será permitido tanto para públicos como para privados. Lo que en un principio fue diseñado para uso estrictamente militar, ahora trasciende las fronteras hacia el sector público dentro de lo que puede ser el control policial en materia de sociedades y más aún para el uso en el ámbito privado empresarial así como amateur. Lo que caracteriza a estos drones es que son aeronaves que no son piloteadas por ningún ser humano (al menos físicamente dentro de la nave) y pueden ser controlados por terceros mediante control a distancia o smartphone, vía satelital por otros instrumentos automatizados, o la novedad, contar con su propio sistema de inteligencia artificial para la resolución de situaciones y la toma de decisiones en el acto sin intervención de terceros. Estos drones a su vez han sido diseñados en al menos tres tamaños, que se clasifican en micro y mini UAVs, UAVs tácticos y UAVs estratégicos. Esta variedad de envergaduras les permite adaptarse a distintos escenarios de vigilancia y acción que van desde los más grandes, utilizados con fines bélicos militares hasta los más pequeños cuyo objetivo es ingresar en espacios dónde una persona no puede llegar, como lo son los rincones estrechos o los hogares de las distintas poblaciones. En la mayoría de los casos, todos los drones cuentan con sistemas avanzados de video vigilancia y reconocimiento biométrico de las personas, y es justamente aquí dónde nuestra privacidad entra en juego, quedando totalmente expuesta a la discrecionalidad de terceras personas o de instrumentos automatizados, no ya sin nuestro previo consentimiento, sino sin nuestro entero conocimiento de que estamos siendo espiados e invadidos en nuestra vida privada, algo que como podemos apreciar, resulta extremadamente sencillo para estos pequeños drones, dotados de inteligencia artificia y tecnología de avanzada. Tal es el abuso que se puede lograr con este tipo de instrumentos auto piloteados, que de momento no existe regulación alguna que protéjalos derechos fundamentales frente a esta arremetida que ha tomado a todos por sorpresa debido a la operabilidad actual de dichos instrumentos automatizados. De hecho, la sociedad civil y distintos abogados privados en EEUU se han organizado para protestar contra esta invasión de la privacidad y lograr que se legisle de manera inmediata velando por la defensa de la libertad y la intimidad personal. Existe jurisprudencia en los EEUU que ponen en evidencia que estamos frente a una inmensa desprotección de nuestros derechos fundamentales, como es el caso de la sentencia en Kyllo v. United States dónde se explicita de que no es de recibo el uso de tecnología térmica para detectar la presencia de un ser humano en determinada área, a base de lecturas de la temperaturas de su cuerpo, mediante instrumentos aéreos radio controlados, sin las debidas garantías que implican haber obtenido el permiso o el previo consentimiento del afectado. Y más recientemente, en el año 2011, en el caso de la Suprema Corte de los EEUU, United States v. Jones, se llegó a la conclusión de que para realizar el seguimiento de vehículos en autovías mediante sistemas de rastreo por GPS y que los mismos sean amparados por la Cuarta Enmienda, se deberá contar con las debidas garantías de un tribunal judicial. Todo ello demuestra que dejar libradas nuestras libertades fundamentales al arbitrio de la video vigilancia y recolección de datos a través de instrumentos automatizados y robots aéreos sin la adopción previa de principios que nos respalden, es uno de los peores errores que el sistema jurídico permite que se cometan y que quizá sea ya tarde para defender nuestra autodeterminación informativa (o a vida).