El Síndrome de Hansel & Gretel (Parte III)

Como se ha comentado, desde el momento que se nace hasta la extinción, se padece irremediablemente el síndrome de Hansel y Gretel. Sin embargo aún dentro del mismo, lo ideal sería que existiera tecnología que cumpla con el objetivo de eliminar los rastros de las personas, una vez que esa información ha cumplido con su destino, de la misma manera que los pájaros se comieron las migas de pan, no dejando ningún tipo de rastro y posibilidad de ser encontrado. De hecho se invierte el proceso del cuento pero a favor del ciudadano.

Como último elemento del Síndrome de Hansel y Gretel, el hecho de que toda la sociedad actual lo padezca irremediablemente, significa que la misma se encuentra totalmente expuesta a ser reconocible, a ser vulnerada en su intimidad, en su privacidad, en su vida personal, y que si ello no ha sucedido ha sido simplemente por un tema de tiempo, o porque alguien no ha querido. Lo mismo sucede en la fábula134, cuando los niños se encuentran en peligro. Ese riesgo es el que siempre estará latente en la sociedad de la información. Justamente, y en este término es cuando se nota claramente la diferencia entre “Derecho de” y “Derecho a” como lo expresa ROBLES MORCHÓN. En efecto, el derecho positivo ya ha recogido literalmente el derecho de protección de datos personales en la Ley Orgánica 15/1999 así como en la Constitución Española de 1978, en su artículo 18.1 y 18.4 del capítulo referido a derechos fundamentales. Dentro de esta lista de libertades, se destaca la autodeterminación informativa, o sea, la disposición, el control y la potestad que cada titular de derechos posee sobre la decisión intrínseca de comunicar o no a un tercero, su información privada. Sin embargo, ante el Síndrome de Hansel y Gretel, tal “derecho de” se ve fuertemente truncado debido a la recogida indiscriminada de datos personales sin el consentimiento (y sin que su titular lo sepa) por parte de cualquier persona ajena, al encontrarse los datos “ahí”, listos para ser recogidos por cualquiera que posea la capacidad y la tecnología suficientes como para hacerse de los mismos. Ahora bien, ¿qué sucede entonces, cuando el encargado de recopilar toda esa información, no es una persona sino un instrumento automatizado? ¿Cómo se le aplica el artículo 18.4 y la LOPD? ¿Cómo se le sanciona y cómo le alcanzan las obligaciones a un ser que no es persona? Aquí aparece el “Derecho a” que se respeten nuevamente los derechos fundamentales de los titulares. A que cada persona, amén de la existencia de una norma que ha sido superada en el ordenamiento jurídico por el avance de la sociedad y sus necesidades en la actualidad, reclame nuevamente su derecho recogido en la CE. Por tanto, si misteriosamente existía la convicción de que los hombres siempre se sometían a fuerzas externas, a leyes dictadas por otros, entonces esas fuerzas deben velar nuevamente por la protección de mi derecho fundamental