Una sociedad de la información en cuarentena

Recordemos a la sociedad en los comienzos de lo que GARCÍA MARQUES (con “S“) llama “Los Peligros: su configuración” en alusión a los avances de la informática en décadas pasadas al expresar “Es por eso que los progresos ligados a la informática amenazan el equilibrio entre el pueblo y el Estado.” . Y en efecto, de acuerdo al doctrino, se puede decir que así como las tecnologías de la información y comunicación proporcionan inmensos beneficios para el bienestar de la población, no es menos verdadero que también otorgan demasiados poderes a los gobiernos y a aquellos seres cuyos objetivos no son pacíficos, legales o morales. El riesgo de perecimiento de la sociedad y de sus garantías constitucionales siempre existirá, pero no es lo mismo enfrentarse a un enemigo conocido con tácticas de guerra y de ataque conocidos, que comenzar a disparar tiros por doquier sin saber a qué o a quién se le dispara y sin avizorar al invasor o conocer de antemano tales cosas como sus fortalezas, sus debilidades o su modus operandi. Trabajar a ciegas, que es lo que el derecho está haciendo ahora frente al avance de las TICs en el tratamiento de los datos personales, es una guerra perdida antes de poder siquiera defenderse: Sin conocer los posibles daños, el alcance de los mismos, la velocidad de propagación y sin saber siquiera si además de las personas, existen o existirán otros elementos o instrumentos  que pueden violar los derechos fundamentales de la tercera generación, en especial aquellos que protegen a los datos personales de las personas o de ser susceptibles de tratamiento no autorizado , la ejecución de una norma como la LOPD será una batalla perdida si afuera de su rango de aplicación quedan individuos que violan los derechos fundamentales y para peor, no se les educa, no se previene la situación y no se les sanciona. La conclusión es que el Derecho, en las condiciones en que se presenta para pelear la guerra a favor de la paz en las libertades fundamentales, desde ya tiene su guerra perdida, actuando como última ratio y sin saber contra quién o qué deberá defenderse. Sus armas actuales son inofensivas  frente al avance de las tecnologías con mayor autonomía cada vez. Por ello es cierto: Se está viviendo en una sociedad de riesgo que poco a poco se convierte en una sociedad de daño.

Si existe similitud entre la apertura de una sucesión y la sociedad de la información, es el hecho de que sus “beneficios” no son enteros ya que en el caso de los herederos recibirán bienes pero también deudas contraídas anteriormente, si las hubiere. En el caso de la sociedad de la información pasa algo similar: A medida que se avanza en los adelantos tecnológicos y en las mejoras para los usuarios, también se adquieren mayores peligros o “riesgos”.

Sin embargo, el constante cambio tecnológico no debe ser un obstáculo para la aplicación y referencia de los principios generales del derecho, preexistentes pero aggiornados a las nuevas prácticas de la sociedad de la información, tal como lo propone el Consejo de Estado de Francia al referirse a que la sociedad debe adoptar unos principios comunes que coincidan con aquellos establecidos en la Directiva 95/46/CE , el Convenio del Consejo de Europa, de 28 de febrero de 1981 para la protección de las personas en el tratamiento automatizado de datos de carácter persona, y en general con la normativa de la Unión Europea.