…entre el rui…

…entre el ruido que escuchas y el sonido que te gusta…

Between the noise you hear and the sound you like…así dice la letra de “All the right moves“ de OneRepublic. Justamente de ello trata esta revista: de saber diferenciar entre todo el ruido de la información, de la tecnología, del propio Derecho, para detectar aquello que nos es útil. Solo se necesita un elemento que a veces no es fácil de ubicar: el sentido común. Solo así, podremos invocar nuestras libertades fundamentales. Esos derechos que aparecen decorados con grandes títulos y capítulos ilustrativos en cartas magnas y leyes varias, y sin embargo, existen los que olvidan que no se necesita un texto constitucional que los pronuncie, para saber que son inherentes a la persona, a cada uno de nosotros. Y que, se les nombre o no, ellos son intocables. Solamente pueden ser vulnerados en beneficio de otro derecho fundamental más importante, como lo es la vida (En el derecho europeo a ello le llaman “ponderación“. Pero sepan, queridos lectores, que el derecho…nuestro derecho a la intimidad, a la privacidad…a la autodeterminación informativa es, luego de la vida, el más importante para garantizar nuestro honor, nuestra integridad y nuestra propia vida. La información hoy en día es la nueva moneda de intercambio y su cotización en pizarras es inalcanzable por las divisas más fuertes. Su precio lo vale en oro y si alguien se hace de nuestra información más preciada, entonces, estamos entregando parte fundamental de nuestra vida, de nuestros cuerpos, de la vida de los demás…de nuestra propia existencia. Si no arrebatan lo más valioso, entonces con ello llegarán muy lejos los otros, aquellos que sin escrúpulos intentarán tenerla…para luego realizar las actividades comerciales o civiles más ilícitas que podamos imaginar. En ese sentido, la información personal es el billete para vulnerar otros derechos fundamentales, incluyendo la vida. No debemos permitirlo, y desde aquí velaremos por entregar nuestro gran piedra (ya no un grano de arena) para proteger a las personas. La protección de datos es sagrada, así como la regulación de las demás tecnologías de la información y comunicación. Para culminar, decir que sí existen Constituciones que recogen nuestras libertades fundamentales. Basta mirar la Constitución Española, en su artículo 18.1 (Privacidad) y 18.4 (Autodeterminación informativa) así como la Constitución de la República Oriental del Uruguay en su artículo 72, para invocarla cuantas veces sea necesario, incluso frente a leyes mal trabajadas. Como dijo una vez LARRY MAGID: en la 34ª Conferencia Internacional de Autoridades de Protección de Datos y Privacidad[1] que se celebrara los días 23 y 24 de octubre de 2012, en Punta del Este, Uruguay: “…debemos  ejercer el derecho a ser protegidos, incluso de regulaciones que atentan contra nuestra privacidad…”. Bienvenidos a nuestro espacio de trabajo.

Andrés Saravia


[1] http://privacyconference2012.org/english/ , visitado el 24 de octubre de 2012